Sheijuu. [Español]

Capitulo 42-43: Nombre.

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**Capítulo 42-43**

Nombre

La primera grieta fue pequeña.

Un codazo que no acertó pero que obligó al Primordial a modificar su trayectoria, cambiando el ángulo del ataque que preparaba para compensar el movimiento inesperado. El golpe no llegó. No porque Sheijuu lo hubiera bloqueado, no porque hubiera sido más rápido, sino porque el Primordial tuvo que ajustar y ese ajuste creó una fracción de tiempo que antes no existía en el combate.

Majull lo sintió antes de que Sheijuu terminara de procesarlo.

—Ahí está.

—¿Qué?

—La primera grieta.

Era una descripción apropiada. No una ventaja, no un cambio de tornas, no nada que se pudiera llamar momentum en ningún sentido convencional. Solo una grieta, una línea muy fina en la superficie de algo que hasta ese momento había sido completamente sólido e impenetrable desde el lado donde Sheijuu operaba. Pero las grietas tenían una propiedad que las hacía importantes independientemente de su tamaño inicial, y ambos lo sabían.

El Primordial reapareció a cincuenta metros y se detuvo ahí, mirando a Sheijuu con una expresión que había cambiado de forma sutil pero definitiva. Ya no era la evaluación distante de las primeras etapas del combate ni el interés del científico que encuentra un resultado inesperado en sus pruebas. Era algo más cercano a lo que Sheijuu habría llamado atención real si hubiera tenido que ponerle un nombre, la diferencia entre observar algo que funciona de forma predecible y observar algo que ha dejado de funcionar de forma completamente predecible.

—Eres increíble —dijo el Primordial, y no sonó como un cumplido sino como una observación técnica, la misma voz que podría usar para comentar las propiedades de algún mineral inusual.

Desapareció de nuevo.

Más rápido esta vez. Considerablemente más rápido, como si hubiera estado conteniendo parte de su velocidad hasta ese momento y hubiera decidido que ya no había razón para hacerlo. Pero ahora el flujo constante de Escencia en los ojos de Sheijuu le daba fragmentos donde antes no había nada: destellos, patrones, direcciones que aparecían una fracción de segundo antes de que el movimiento los confirmara. No suficiente para defenderse de todo. Suficiente para anticipar algo, para que el cuerpo comenzara a moverse antes de que la información llegara completamente, operando sobre una comprensión parcial que era infinitamente mejor que operar sobre ninguna.

El primer golpe rozó su hombro en lugar de conectar en el cuello. El segundo impactó en las costillas ya dañadas —el mismo punto que llevaba doliendo desde el corte con la aguja, ahora abierto de nuevo— pero Sheijuu ya estaba girando cuando llegó, reduciendo el ángulo de impacto. El tercero no llegó porque lanzó el mismo codazo que no acertó pero que modificó la trayectoria del Primordial por segunda vez en el combate, estableciendo algo que ya no era una coincidencia sino un patrón emergente.

Por primera vez desde que empezó todo, el ritmo del combate dejó de pertenecer exclusivamente a uno de ellos.

El Primordial cambió el ángulo de ataque, viniendo esta vez desde abajo, un golpe ascendente dirigido a la mandíbula que Sheijuu esquivó echando la cabeza hacia atrás, sintiendo el desplazamiento de aire rozarle la garganta. Antes de que el Primordial completara el movimiento, Sheijuu ya tenía la katana en posición para un corte descendente, uno que no buscaba alcanzarlo sino obligarlo a retroceder, y funcionó: el Primordial se apartó medio paso hacia la izquierda, el espacio suficiente para que el siguiente golpe, en lugar de llegar al torso de Sheijuu, se estrellara contra el antebrazo que había levantado a tiempo para interponerlo.

El impacto lo hizo retroceder tres pasos completos, el hueso protestando bajo la piel con un dolor sordo que reconoció de inmediato como algo que iba a quedarse un rato. Pero seguía en pie. Y el Primordial, en el instante que tardó en reposicionarse para el siguiente ataque, dejó una abertura: medio segundo donde su peso quedó distribuido de forma desigual, apoyado más en una pierna que en la otra.

Sheijuu no lo pensó. Se lanzó hacia adelante, bajo, la katana horizontal a la altura de la cadera, buscando cortar las piernas antes de que el Primordial terminara de reequilibrarse. No lo alcanzó —el Primordial saltó verticalmente, un movimiento que no correspondía a ninguna lógica humana de esquivar sino a algo más parecido a levitar durante una fracción de segundo—, pero el intento sirvió para otra cosa: confirmó que Sheijuu podía leer no solo el desplazamiento de Escencia previo al ataque, sino también los desequilibrios momentáneos que ocurrían después.

El Primordial aterrizó a varios metros, giró, y volvió a la carga con dos golpes consecutivos, el primero un amago que Sheijuu ya no mordió, el segundo real, que alcanzó a rozarle el pómulo izquierdo abriendo un corte fino que empezó a sangrar de inmediato, nublándole parcialmente la visión de ese lado por segunda vez en el combate. Sheijuu giró con el impacto en lugar de resistirlo, convirtiendo el golpe recibido en el impulso de un giro completo que terminó con la katana trazando un arco horizontal a la altura del pecho del Primordial.

Este retrocedió, no lo suficientemente rápido.

La punta del filo le abrió una segunda línea, esta vez en el hombro, superficial pero visible, la sangre oscura evaporándose casi de inmediato en el vacío del planeta. El Primordial se detuvo, evaluando el nuevo corte con la misma atención clínica que le había dedicado al primero, y algo en su postura cambió: los pies más separados, el peso distribuido de forma distinta, la clase de ajuste que solo hace alguien que acaba de decidir que el oponente que tiene delante merece dejar de ser tratado como un ejercicio de calentamiento.

Sheijuu sintió el cambio antes de que ocurriera nada visible. Una tensión distinta en el aire, si es que el vacío sin atmósfera podía llamarse aire, algo que Majull confirmó un segundo después con una sola palabra tensa en su mente.

—Prepárate.

No hubo tiempo de preguntar para qué.

El Primordial retrocedió a distancia media y extendió lentamente una mano. El espacio detrás de él comenzó a deformarse, pero de una forma diferente a la técnica que Sheijuu usa para moverse entre las estrellas, no la deformación puntual y rápida del desplazamiento sino algo más amplio, más deliberado, que crecía con una lentitud que resultaba más amenazante que la velocidad, porque la velocidad se procesa y se reacciona a ella mientras que la lentitud calculada comunica que quien la usa no tiene ninguna prisa porque el resultado ya está decidido.

Círculos oscuros comenzaron a abrirse en el aire. Uno. Diez. Cien. Cientos, multiplicándose hasta cubrir el horizonte entero del planeta muerto con una geometría imposible que el Ojo del Vacío percibía como una distorsión masiva del espacio circundante, como si el planeta entero estuviera siendo perforado desde múltiples puntos simultáneos por algo que venía de otro lugar.

De cada círculo comenzaron a emerger agujas de cristal negro.

Miles de ellas. Quizás decenas de miles, era imposible contarlas porque seguían apareciendo mientras las anteriores flotaban suspendidas en el cielo muerto del planeta, formando una tormenta que no había caído todavía pero que llenaba el espacio desde el suelo hasta donde la vista alcanzaba con una densidad que convertía el concepto de esquivar en algo que el lenguaje ordinario no tenía forma de manejar correctamente.

—Majull —dijo Sheijuu.

—Sí.

—¿Qué tan malo?

—Bastante.

Sheijuu evaluó la situación con la rapidez que la situación requería. Una esfera rotatoria de suficiente tamaño podría destruir una parte significativa de las agujas en su radio de explosión, y tenía suficiente Escencia para generarla. Pero también sabía, con una certeza que se había construido durante los últimos intercambios a base de información dolorosa y concreta, que no alcanzaría. Eran demasiadas, el radio nunca sería suficiente para cubrirlas todas, y gastaría una cantidad de Escencia que no podría permitirse perder en lo que quedaba del combate.

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Hace unos minutos habría intentado la esfera de todas formas.

Lo sabía. Y Majull lo sabía.

—¿Cómo te llamas?

La pregunta llegó de repente, con la misma neutralidad con que el Primordial había dicho todo lo anterior, como si fuera una pregunta razonable en cualquier contexto incluyendo este.

Sheijuu parpadeó.

—¿Qué?

—Tu nombre. —El Primordial miró el océano de agujas suspendidas detrás de sí con una expresión que podría haber sido casi afable si el contexto hubiera sido otro—. Si voy a matarte eventualmente usando esto, me gustaría saberlo.

Sheijuu mantuvo la mirada fija y no respondió. El Primordial inclinó ligeramente la cabeza, como alguien que acepta un resultado esperado sin que le moleste demasiado.

—Azharel —dijo, señalándose a sí mismo con un gesto breve—. Solo me pareció justo.

El nombre resonó extraño, antiguo de una forma que no correspondía a ningún idioma que Sheijuu hubiera escuchado antes, con la densidad de algo que ha existido durante suficiente tiempo como para que la palabra misma haya acumulado peso propio más allá de su significado original.

Sheijuu no dijo nada. No le importaba el nombre. Solo lo guardó, de la misma forma en que guardaba cualquier otro dato que pudiera servirle más tarde.

Azharel soltó una risa breve y genuina.

—No hace falta que digas nada. Ya me lo esperaba.

Levantó la mano. Las agujas comenzaron a descender.

El cielo desapareció bajo ellas.

Sheijuu sintió miedo durante un instante exacto, un instante que identificó claramente y después descartó porque el miedo en ese contexto solo servía para reducir la velocidad de procesamiento que era lo único que tenía a su favor. Las primeras agujas llegaron y se movió, no intentando seguir cada trayectoria individual porque eso era imposible con la densidad que había, sino haciendo lo que Majull le había dicho en ese momento crítico entre la inconsciencia y el siguiente ataque de Azharel: buscar espacios, no proyectiles. Los huecos entre las trayectorias, los caminos que existían en la geometría del ataque aunque no fueran visibles a primera vista, de la misma forma en que los caminos entre las estrellas existían aunque el espacio pareciera vacío e indiferenciado hasta que aprendías a leer sus corrientes.

El cuerpo comenzó a moverse siguiendo una lógica que no era exactamente instinto porque el instinto no se aprende, es anterior al aprendizaje. Era comprensión, la diferencia sutil pero real entre hacer algo porque el cuerpo lo ha memorizado y hacerlo porque se entiende por qué funciona. Una aguja atravesó su manga. Otra cortó parte de una venda del brazo derecho. Otra abrió una herida superficial en el costado. Pero ninguna impactó de lleno, y esa distinción, en el contexto de lo que caía sobre él, era la diferencia entre estar vivo y no estarlo.

Azharel observaba sin intervenir. Sin añadir ninguna presión adicional, dejando que la tormenta funcionara sola, con la paciencia de algo que no necesita precipitar los resultados porque los resultados no tienen a dónde ir que no sea donde él quiere que vayan. O eso habría sido cierto hace unos minutos.

Sheijuu atravesó un hueco entre tres trayectorias convergentes. Desapareció con un salto corto de vacío y reapareció varios metros más lejos, encontrando el siguiente hueco antes de aterrizar completamente, encadenando los movimientos en una secuencia que no seguía ningún plan consciente sino la lectura continua de lo que el espacio le ofrecía en cada instante.

—Puedo verte —murmuró Azharel, desde donde observaba.

Sheijuu no lo escuchó. Demasiado ocupado.

—Entiendo qué eres. —La voz de Azharel tenía un tono diferente ahora, más concentrada, como alguien que ha llegado al final de un razonamiento largo—. No eres un humano usando poder de guardián. Tampoco eres un guardián atrapado en un cuerpo humano. Eres una unión, pero a la vez no lo eres. Al menos no todavía.

La última oleada cayó.

Miles de impactos pulverizaron kilómetros de roca en todas las direcciones, levantando una nube de polvo que convirtió el entorno inmediato en algo completamente opaco durante varios segundos.

El polvo tardó en asentarse. No había viento que lo dispersara, ninguna corriente de aire en aquel planeta sin atmósfera, así que simplemente caía de forma vertical y lenta, como nieve gris cubriendo los miles de cráteres que la tormenta de agujas había dejado en la superficie. Cuando por fin empezó a revelar el terreno destruido, metro a metro, Sheijuu seguía de pie en el centro de lo que había sido la tormenta.

Herido. Cubierto de sangre. Respirando con dificultad, las heridas superficiales cerrándose ya gracias a la regeneración que la fusión con Majull le proporcionaba, aunque a un ritmo más lento de lo habitual, porque la cantidad de Escencia que había gastado en esquivar reducía los recursos disponibles para todo lo demás.

Pero de pie.

Azharel bajó lentamente la mano, y algo en su expresión terminó de asentarse en el mismo tiempo que el polvo: ya no era la diversión de los intercambios anteriores, la de alguien que encuentra entretenimiento en algo que no le representa ningún desafío real, sino algo más concentrado, el resultado de estar procesando un dato que había cambiado los parámetros de su evaluación inicial lo suficiente como para requerir actualización completa.

—Ya he visto suficiente —dijo finalmente.

Al terminar la frase, tanto la mirada que ahora portaba como la oración que había pronunciado se podían traducir de una sola forma: no me voy a contener más.

Sheijuu ajustó el agarre sobre la espada y no respondió.

Azharel desapareció.

Sheijuu reaccionó antes de verlo moverse, anticipando la desaparición a partir de un cambio sutil en el patrón de Escencia que el Ojo del Vacío había aprendido a asociar con ese movimiento específico. Su cuerpo se desplazó hacia atrás medio segundo antes de que la distorsión atravesara el espacio donde había estado, abriendo la roca del planeta en silencio, sin impacto ni explosión, simplemente borrando una sección de materia con la precisión clínica de algo que no necesita fuerza bruta porque opera sobre la estructura del espacio mismo.

Fue la última vez en todo el intercambio que Azharel encontró tanto espacio para atacar sin obstáculo.

Reapareció a la derecha, y el puñetazo que lanzó llegó más rápido que cualquiera de los anteriores, sin el amago que solía preceder sus golpes reales. Sheijuu no lo esquivó. Giró el torso lo justo para que el impacto, en lugar de aplastarle las costillas, resbalara por el antebrazo que interpuso, absorbiendo la fuerza con el hueso y con el gesto entero del cuerpo cediendo en la dirección del golpe en vez de resistirlo de frente. Dolió. Sintió algo ceder bajo la piel, un crujido sordo que reconoció sin necesidad de mirar. Pero el brazo aguantó, y el impulso del propio giro lo dejó posicionado para devolver un corte que Azharel ya no estaba ahí para recibir.

Había desaparecido de nuevo, reapareciendo esta vez a la izquierda, más cerca, el segundo golpe de una secuencia que empezaba a acortar los intervalos entre cada aparición. Sheijuu lo interceptó con el plano de la katana en lugar de con el filo, dejando que el acero absorbiera parte del impacto mientras el resto le sacudía el hombro hacia atrás. No retrocedió del todo. Plantó el pie y usó el propio empuje del golpe para lanzar una estocada baja, apuntando no al cuerpo de Azharel sino al espacio que ocuparía si retrocedía en la dirección más obvia.

No lo alcanzó. Pero Azharel tuvo que torcer el cuerpo en el aire para evitarlo, un movimiento que no había necesitado hacer en ningún momento anterior del combate, y aterrizó sobre un amontonamiento de agujas de cristal negro clavadas en la roca, la mitad de ellas todavía intactas desde la tormenta. Usó el impulso de esa superficie irregular para lanzarse de nuevo, un salto lateral que aprovechó la inclinación de las agujas como quien usa una roca resbaladiza para ganar velocidad, apareciendo a espaldas de Sheijuu con un golpe descendente que buscaba la nuca.

Sheijuu ya se estaba moviendo. No fue elegante. Se dejó caer de rodillas, sintiendo el filo de aire que pasó donde había estado su cabeza un instante antes, y usó el propio impulso de la caída para clavar la katana en el suelo y usarla como punto de apoyo, empujándose de vuelta hacia arriba con las piernas mientras giraba, la hoja trazando un arco ascendente que obligó a Azharel a volar marcha atrás, el filo pasando a centímetros de la garganta.

El impulso ascendente de Sheijuu se detuvo en seco cuando Azharel, en lugar de retroceder tras el bloqueo, voló directamente hacia él en línea recta, cerrando de golpe la distancia que el propio filo acababa de abrir. Sheijuu preparó el siguiente golpe, calculando el instante exacto en que Azharel entraría en su rango, listo para completarlo en cuanto lo hiciera.

Y cuando lo hizo, Azharel desapareció.

Sheijuu ya sabía hacia dónde iba a reaparecer: a su izquierda, el ángulo que dejaría su propio ataque a medio terminar, incómodo de reorientar a tiempo. Giró en esa dirección, el cuerpo anticipándose a la información antes de que terminara de confirmarse. Pero no había nadie ahí. Apenas le dio tiempo a levantar el antebrazo a la altura del rostro antes de que el golpe llegara.

Azharel había aparecido a su derecha —lo que ahora, girado como estaba, se había convertido en su espalda— y lanzó una patada alta directa al cuello. El antebrazo la interceptó a tiempo, pero suspendido en el aire, sin ningún suelo bajo los pies al que cederle parte del impacto, todo el golpe se quedó concentrado ahí, sin ningún lugar hacia donde disiparse.

Sheijuu salió disparado y rebotó contra el suelo, giró en el aire y cayó sobre algunas agujas que sobresalían de un cráter. Azharel iba a toda velocidad desde las alturas hacia Sheijuu, que tuvo que saltar sobre el amasijo de cristal negro para ganar la altura suficiente y evitar un barrido que le habría cortado las piernas a la altura de la rodilla. El Primordial pasó de largo, modificando su trayectoria de vuelo, y Sheijuu aterrizó con torpeza, el tobillo protestando, pero en pie.

Cuando se incorporó y giró en un solo movimiento, Azharel ya estaba ahí, cerrando la distancia de nuevo, y esta vez el golpe llegó al costado, justo debajo de las costillas ya dañadas.

Sheijuu lo absorbió doblándose sobre el impacto en lugar de resistirlo rígido, dejando que el propio cuerpo cediera para no acumular todo el daño en un solo punto, y usó el momento de contacto —el instante exacto en que el puño de Azharel seguía empujando contra su costado— para clavar el codo contra el antebrazo del Primordial, con la intención de romperlo.

No funcionó, pero el golpe conectó igual, la tercera vez que Sheijuu lograba alcanzarlo desde que Azharel había dejado de contenerse. El brazo no se rompió, pero Azharel reapareció medio metro más lejos de lo habitual, ajustando la distancia de la misma forma en que ya lo había hecho antes, cada vez que algo lograba tocarlo de verdad. Y ese medio metro fue suficiente para que Sheijuu completara, por fin, un ataque real: un corte horizontal que Azharel esquivó por centímetros, retrocediendo hacia el espacio abierto, el primer retroceso completo del intercambio.

Se detuvo a cinco metros. Respirando —o haciendo el gesto de hacerlo, porque Sheijuu todavía no sabía si aquel cuerpo necesitaba aire de verdad—, con una expresión que ya no tenía ningún rastro de la diversión inicial.

El espacio detrás de él comenzó a deformarse de nuevo, pero de forma completamente diferente a las agujas de antes. Esta vez no aparecieron proyectiles sino grietas, decenas de fracturas suspendidas en el aire como líneas de escritura en un idioma que Sheijuu no reconocía, cada una abriendo un espacio detrás de sí que no contenía oscuridad ni vacío sino algo peor: ausencia absoluta, la falta de cualquier cosa que los ojos o la percepción pudieran registrar o clasificar.

Sheijuu sintió la presión de aquello antes de entender qué era. Algo en la percepción del Ojo del Vacío respondió a las grietas con una alarma que no tenía nombre específico pero que era inequívocamente una advertencia, de la misma forma en que el cuerpo sabe que algo es peligroso antes de que la mente haya terminado de procesar por qué.

Majull sintió lo mismo. Lo que era, en sí mismo, información importante.

—Ten cuidado —dijo el guardián, con un tono que Sheijuu no le había escuchado antes en todo el combate.

—¿Qué es eso?

—No lo sé.

Aquella respuesta bastó.

Las grietas siguieron abriéndose. Creciendo. Y detrás de ellas, en el espacio que revelaban, no había nada que el Ojo del Vacío pudiera percibir ni categorizar. Solo ausencia, completa y absoluta.

Sheijuu había mirado el vacío del espacio cientos de veces desde que empezó a viajar entre sistemas, y siempre, incluso en su forma más pura, había algo que percibir. Allí dentro no.

Azharel observó a Sheijuu desde el otro lado de las grietas con una expresión que ya no era la del evaluador estudiando los resultados de sus pruebas. Era la preparación antes de algo que también requería algo de él, lo que implicaba que lo que venía a continuación no era el tipo de técnica que se ejecuta sin esfuerzo sino algo que exigía atención real.

El planeta tembló bajo los pies de Sheijuu. No un temblor superficial, sino algo que parecía originarse mucho más abajo, en capas de roca que llevaban miles de años sin moverse y que ahora respondían a una presión que no tenía origen físico identificable. Fragmentos de piedra suelta, resultado de la tormenta de agujas apenas minutos atrás, empezaron a levitar unos centímetros sobre el suelo, atraídos hacia las grietas suspendidas en el aire con una lentitud constante, como si el propio vacío detrás de ellas estuviera respirando hacia adentro.

—Aquí es donde mueres —dijo Azharel, sin énfasis particular, con la misma voz con que podría haber señalado la dirección de cualquier destino.

Las grietas seguían creciendo en el aire entre ellos, revelando esa ausencia imposible de categorizar, mientras el suelo del planeta muerto respondía a algo que todavía no había ocurrido, como el terreno sintiendo un seísmo que todavía no ha llegado a la superficie pero que ya se mueve en las profundidades.

Sheijuu mantuvo la vista fija en los ojos blancos de Azharel y no respondió.

La Escencia seguía fluyendo hacia sus ojos sin que tuviera que pedirlo.

Y esperó.

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**Fin del Capítulo 42-43.**

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